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Fagofobia: miedo a tragar. Causas y Tratamiento

La fagofobia es un trastorno de ansiedad en el que se tiene un miedo irracional a atragantarse. La ansiedad se anticipa a la ingesta de determinados alimentos sólidos y en menor medida, con líquidos. Esta fobia alimentaria se da mayoritariamente en niños y adolescentes, aunque también puede aparecer en adultos.

Por ello, nuestra psicóloga especialista Lucía Ferrer nos cuenta a continuación en qué consiste, cuáles son las causas y, especialmente, el tratamiento para la fagofobia. 

 

 

¿Qué características presentan las personas con Fagofobia?

Los menores que padecen este tipo de fobia suelen centrar su vida en la alimentación, en lo que deben evitar para seguir sintiéndose seguros y sin miedo. La evitación de alimentos que se consideran “peligrosos” les hace reducir la ansiedad, haciendo que cada vez los alimentos restringidos aumenten hasta limitar su alimentación a purés o comidas más líquidas que consideran de fácil deglución.

Las personas que presentan Fagofobia tardan mucho en comer. Para asegurarse que el alimento está bien desmenuzado y no les va a suponer atragantarse, aumentan el tiempo en masticar y lo hacen de manera muy lenta. Estas conductas aparecen como consecuencia de pensamientos repetitivos distorsionados en lo que está presente la idea de que si comen determinados a alimentos pueden llegar a atragantarse, asfixiarse, dejar de respirar y/o morir.

Este trastorno puede llegar a ser altamente limitante ya que hace que la persona que lo padece pueda llegar a sufrir crisis de ansiedad ante situaciones en las que tenga que enfrentarse a comer alimentos temidos. Esto implica evitar el consumo de algunos alimentos, lo que pueden significar una perdida significativa de peso y además, la evitación de situaciones sociales donde deban comer alimentos que valoren como peligrosos para un posible atragantamiento.

 

 

¿Qué puede causar una Fagofobia?

La fagofobia puede aparecer por situaciones traumáticas vividas por la propia persona o por experiencias externas. En algún momento ha podido atragantarse, ha tenido la sensación de hacerlo o ha visto o escuchado que a alguien le ha pasado. A partir de ese momento aparece un estado de alerta y preocupación excesiva para evitar que esa situación pueda ocurrir.

Aparece entonces sesgos atencionales y atribucionales. Los sesgos de atencionales hacen que se preste atención a sensaciones corporales normales y a todo el proceso digestivo empezando por la ingesta de determinados alimentos y la masticación. Esto les lleva a verbalizar en muchas ocasiones que notan que tienen presión en la garganta que no les va a dejar tragar bien, que no les pasa la comida porque ahora parece que su garganta o laringe es más estrecha. Estas sensaciones estas no son reales, sin embargo, les generan realmente angustia. Por lo que a esa excesiva atención va unida al sesgo atribucional en el que interpretan que esas sensaciones físicas les están indicando que pueden llegar a atragantarse.

 

 

Tratamiento

  • Facilitar la comunicación: Es importante que los niños se sientan apoyados y respetados. Las conductas que están teniendo no son voluntarias, están siendo dirigidas por un miedo irracional que no pueden controlar. Se debe desarrollar una comunicación abierta, fluida y de confianza para que puedan expresarse. Darle la seguridad de que nos les va a pasar nada y si así fuera sus padres van a estar ahí para ayudarles.
  • Recuperar hábitos alimenticios: Que se reestablezca la asociación del momento de comer a algo relajante y agradable. Mantener la calma y respetar los tiempos que necesitan para comer.
  • Técnicas de relajación: Utilizar técnicas de respiración y relajación para reducir los niveles de ansiedad y sensaciones físicas anticipatorias a las comidas e incluso durante los procesos de ingesta, haciendo las pausas que sean necesarias.
  • Exposición gradual: Ir exponiéndose de forma progresiva a esos alimentos temidos sin ser presionados.
  • Reforzamiento positivo: Cada pequeño avance o mejora en su actitud, hábitos y en la ingesta de alimentos será valorada positivamente. El menor debe ser consciente de sus mejorías y que los que están alrededor valoran el esfuerzo que supone el cambio que están haciendo hacia unas conductas alimenticias más saludables.
  • Ayuda psicológica: Este trastorno tiene un buen pronóstico a edades tempranas, por lo que, si esta situación se alarga en el tiempo y afecta a distintos aspectos de su vida, es importante acudir a un profesional.

 

En Nuevamente Psicólogos contamos con especialistas en fobias específicas como la Fagofobia que pueden ayudarle en la evaluación y diagnóstico diferencial. Los tratamientos en estos casos que han resultado ser más eficaces son la terapia cognitiva y conductual. En nuestro gabinete contamos con Psicólogos especialistas en estas terapias que valoraran su caso y lo trataran de manera individualizada para garantizar su mejora.

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