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Patrones de autocuidado: la importancia de cuidar de nosotros mismos

¿A qué nos referimos con el término autocuidado?

El concepto de autocuidado ha sido desarrollado por Gonzalez y Mosquera (Mosquera, 2004; González 2007; Mosquera & Gonzalez, 2011; Gonzalez & Mosquera, 2012).

Según estas autoras, un autocuidado positivo puede considerarse constituido por tres elementos:

  • Una actitud o estado mental de valorarse y quererse a uno mismo, actitud que motiva al individuo a cuidarse bien.
  • Una ausencia de actitudes de auto-rechazo.
  • Realización de acciones beneficiosas específicas, que hacen que el individuo crezca y se valore.

Algo que puede resultar obvio para algunos, como poner límites, escuchar las propias necesidades, cuidar la salud, no tener conductas autodestructivas, hacer ejercicio físico o alimentarse de manera saludable, pasa totalmente desapercibido para otros. Este déficit en las conductas de autocuidado no se debe al descuido, dejadez, o poca voluntad, como muchos creen. En este artículo, nuestra psicóloga María José Polo, experta terapeuta EMDR, nos explica la importancia de aprender a cuidarse bien.

¿Cómo aprendemos las conductas de autocuidado?

Hay personas que no aprendieron a cuidarse porque en su infancia nadie les enseñó las conductas positivas para valorarse y cuidar de sí mismos. En muchos casos, debido a que los cuidadores principales fueron abusivos, negligentes o simplemente no les proporcionaron los cuidados adecuados. En la infancia aprendieron que “necesitar” es “malo”, es “egoísta” y que no está permitido. Es posible incluso que algunos aprendieran a castigarse en lugar de a cuidarse y esto es un patrón que se mantiene en la edad adulta.

Los déficits en los cuidados de la infancia no aparecen sólo en los casos de malos tratos. Tiene sentido, por ejemplo, que una madre con depresión no pueda sostener las emociones de su hijo/a por tener dificultades para interpretarlas y las situaciones que generen un conflicto emocional en el menor desborden por completo a la madre, no pudiendo satisfacer las necesidades de su hijo/a. Otro ejemplo de situación donde el menor no tiene oportunidad de aprender a cuidarse es aquella donde los padres están tan obcecados y preocupados por sus propios problemas que incluso las expresiones emocionales de sus hijos se convierten en un problema y reaccionan con desprecio, enfado o negatividad, lanzando un mensaje al niño o niña: “lo que yo siento no es importante” “lo que yo necesito no es importante”, o al fin y al cabo “yo no soy importante”. Cómo hemos indicado anteriormente, estos cuidados que no llegaron o que se instauraron de manera deficitaria, serán los cuidados con los que el niño cuente para sí mismo en su etapa adulta.

¿Cuáles son las principales conductas de autocuidado?

Anabel González y Dolores Mosquera (2015) en su libro “EMDR y disociación, el abordaje progresivo”, enumeran los elementos de un patrón de autocuidado sano:

  • Mirarse a uno mismo con los mejores ojos posible. Una mirada amable y comprensiva hacia nosotros mismos nos protege de querer dañarnos, castigarnos o sabotearnos.
  • Mirarse a uno mismo con ojos realistas. Un concepto de si mismo ajustado a la realidad nos da la oportunidad de crecer y mejorar a través de nuevos aprendizajes. No es positivo tener un discurso interno continuamente crítico, pero tampoco nos ayuda idealizar nuestra propia imagen.
  • Reconocer y validar las propias necesidades. Si no aprendemos a identificar, expresar y compartir nuestras necesidades con los demás terminaremos sintiendo que no le importamos a nadie, que nunca conseguimos lo que queremos o que la gente se comporta de forma injusta con nosotros. En general, el nivel de satisfacción global con nuestra vida será bastante bajo.
  • Protegernos de modo adecuado, es decir, establecer y entender la necesidad de límites. La incapacidad o dificultad para poner límites se traduce en una sensación de indefensión; es decir, mi seguridad depende de que me encuentre con personas “buenas” que no quieran sobrepasar mis límites, pero si esta variable cambia, nos encontramos en una situación donde no voy a poder protegerme. Esto genera una emoción constante de miedo, de desconfianza en los demás, o de continuos desengaños.
  • Alcanzar un equilibrio entre nuestras necesidades y las de los demás. Si he aprendido de pequeño/a que mis necesidades no son importantes es posible que en la adultez anteponga las necesidades de los demás siempre antes que las mías propias. Esto puede generar relaciones de dependencia y/o de sumisión.

 

¿Es posible modificar unos patrones de autocuidado negativos?

Definitivamente sí. Los patrones de autocuidado arraigados desde nuestra infancia son susceptible al cambio, pero para ello debemos trabajar primero para cambiar la percepción de nosotros mismos. Debemos de ser capaces de percibirnos o sentirnos importantes, valiosos, dignos de ser cuidados y mirados con amor y cariño. Una persona que se sienta válida, capaz, importante, estará más motivada a intentar cambiar sus patrones de conducta.

La terapia EMDR proporciona un marco para el trabajo con el cambio de creencias que uno tiene de sí mismo, mediante el reprocesamiento de las creencias negativas o disfuncionales por otras más positivas y adaptativas para la persona. Es un proceso complejo que sólo puede llevarse a cabo por un terapeuta EMDR debidamente experimentado. En Nuevamente Psicólogos contamos con especialistas que pueden acompañarte en este proceso que marcará un antes y un después en la forma en la que te relacionas contigo mismo. A todos nuestros lectores les deseamos desde aquí, que no que se cuiden mucho, sino que se cuiden bien.

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