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La Necesidad e Importancia de saber Parar

La necesidad de parar

En muchas ocasiones, pasamos etapas de nuestras vidas en las que nos movemos en un estado de estrés superior al que es saludable para cada uno de nosotros. Incluso en el caso de muchas personas, se convierte en un estado “natural” de su vida en el que normalizan vivir bajos estos niveles de estrés.

Cuando esto se convierte en algo mantenido en el tiempo y vivimos en piloto automático, sin tener en cuenta cómo nos puede estar afectando, y dejando de lado nuestro autocuidado personal, podemos sufrir problemas de salud, tanto física como mental. 

La Evitación

A menudo en consulta podemos ver como en muchos casos el no parar, va ligado a evitar conectar con emociones que pueden llegar a resultarnos desagradables e incómodas. O incluso conectar con problemas y preocupaciones que nos desbordan. Muchas veces no tenemos los recursos necesarios para afrontarlos, por lo que puede resultar más “fácil” para la persona evitarlos o hacer como que no pasa nada.

Podemos reaccionar tanto de forma consciente como de forma inconsciente, manteniendo un estado de actividad desproporcionado a lo que sería saludable para nosotros, viviendo en piloto automático como recurso a no conectar con aquello que nos hace sentir mal.

Esta forma de regulación emocional ocurre desde la evitación, lo que sería algo insostenible en el tiempo, ya que podría desencadenar en un cuadro ansioso o en otro tipo de trastornos emocionales.

Autoexigencia

Actuar desde la evitación a veces va ligado a la autoexigencia a la que muchas personas se ven sometidas por sí mismas, no permitiéndose parar ni fallar y no llegando a algo que desean. O peor aún, no llegando a lo que creen que otros esperan de ellos o consideran que es lo correcto para ser considerados válidos.

La autoexigencia en niveles muy altos puede llegar a convertirse en una gran enemiga 

para nosotros mismos. Ser muy autoexigentes se relaciona con creencias que se han ido desarrollando a lo largo de nuestra vida, como vivencias, la educación recibida, etc.

Como consecuencia de esta autoexigencia, aparece la falta de autocuidado personal y la falta de poner límites.

En muchas ocasiones, comienzan a aparecer cuadros somáticos a raíz de ello, como dolores de cabeza, problemas digestivos, dermatológicos, etc.

En estos casos, es común que la persona no relacione estos problemas de salud física con estrés. También vemos como aparecen cuadros ansiosos y trastornos depresivos que, en la mayoría de las ocasiones, la persona no entiende a qué se deben. O debido a llevar tanto tiempo evitando, ni siquiera se plantean que pueda ser una consecuencia de esto.

La mayor parte de pacientes que llegan a consulta por estos motivos no tienen consciencia sobre la importancia del autocuidado. Les cuesta identificar y reconocer sus emociones y piden ayuda psicológica cuando ya se encuentran muy mal o se han visto desbordados.

Su demanda u objetivo a conseguir con la terapia suele ser gestionar la ansiedad y sus emociones. En la mayor parte de los casos, vienen a consulta manifestando no saber por qué están así o expresando que no tienen ningún motivo como para sentirse tan mal como se están sintiendo, existiendo una gran invalidación emocional.

Importancia de atender nuestras necesidades

Es importante permitirnos parar, conectar e intentar identificar cómo nos estamos encontrando y sintiendo. Si estamos funcionando de forma saludable para nosotros mismos y si estamos atendiendo nuestras necesidades tanto físicas como psicológicas.

En numerosas ocasiones vamos recibiendo señales de nuestro cuerpo que no tenemos en cuenta, rechazamos o intentamos suprimirlas, pensando que no tienen importancia. 

En ese momento podemos ponernos en marcha para introducir cambios, pedir ayuda y aprender a gestionarnos y a cuidarnos para prevenir, por ejemplo, la aparición de ansiedad, depresión, etc.

No parar no implica que una emoción difícil desaparezca o sea suprimida, ya que puede convertirse en algo más molesto y llegar a sentirnos peor por una incorrecta gestión emocional. Tampoco significa que seamos más productivos o más válidos, ni nos hace vulnerables o débiles, sino que nos puede ayudar a conseguir un mejor desarrollo personal de nosotros mismos, y una mejor gestión de nuestras emociones y necesidades.

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